Se parece a un Remington el arma que asomó en un jardín de El Bolsón

El Bolsón 11 de marzo de 2022 Por El Cordillerano
En versión de fusil y carabina, fue el arma emblemática del Ejército Argentino durante la Campaña al Desierto, aunque debutó en un episodio de las guerras civiles: el levantamiento de López Jordán.
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El arma que un vecino de El Bolsón descubrió en un canal mientras cortaba el pasto de su domicilio, se parece demasiado a un Remington, del que se valió el Ejército Argentino durante la Campaña al Desierto. Si bien al momento de redactar estas líneas, la Policía de Río Negro no había recibido información por parte de la Agencia Nacional de Materiales Controlados (ANMaC), la similitud salta a simple vista si se cotejan imágenes.

 
El hallazgo se produjo el sábado último, en la calle Islas Malvinas. Como además se encontró un cartucho de calibre 12.70, la información hizo referencia a una escopeta. Pero el comentario de un lector que llegó a este diario planteó una verosímil discrepancia. “Estimados: en la foto que subieron se nota claramente que no es una escopeta, eso es un fusil Remington Rolling Block calibre 43 Spanish, Remington Patria, del año 1879, de la Campaña al Desierto”.

Después de consultar a otros conocedores en materia de armas, el parecido es evidente, aunque puedan diferir las fechas y existan diferencias entre las denominaciones de origen, las que aquí se impusieron y los datos que refieren al calibre. Evidentemente sin intenciones, el vecino de El Bolsón desempolvó páginas definitorias de la historia de la región, que giraron en torno a tan famoso armamento.

En versiones de fusiles y carabinas, los Remington -de origen estadounidense- llegaron a partir de 1873, cuando se puso en marcha un plan de modernización para el Ejército. Hacia fines de la década, ya era los estándares. Antes de su generalización, las guarniciones de las fronteras estaban equipadas con armas de diverso origen y estado. Eran de avancarga, es decir, de carga por su boca. En cambio, los Remington eran de retrocarga.

 
Las antiguas requerían una maniobra lenta y difícil para recargar después del primer disparo, que se complicaba todavía más a caballo. En 1877, dos años antes de que se desencadenara la Campaña al Desierto, el Ejército ya contaba con 1.054 fusiles Remington para la Infantería y de 1.371 carabinas para la Caballería. Si bien suelen asociarse a la fase final de la guerra contra el pueblo mapuche, habían debutado en un enfrentamiento fratricida.

 
En efecto, los Remington tronaron por primera vez para sofocar la insurrección entrerriana que liderara Ricardo López Jordán, en el Combate de Don Gonzalo y según testimonios de ambas partes, su incorporación fue decisiva. “La importancia de las nuevas armas y la ventaja que le otorgaban al ejército contra los grupos indígenas pampeanos fueron plenamente apreciadas por oficiales y soldados”, afirma el arqueólogo Juan Leoni.

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Fue el caso de Ignacio Fotheringham, quien en 1879 integró la columna que llegó hasta el río Negro y luego, al frente de un destacamento, alcanzó la confluencia entre el Limay y el Neuquén. También estuvo en la represión al movimiento entrerriano: “en el Paraná nos dieron fusiles Remington y por primera vez iban a ser ensayados en una guerra de hermanos. Con semejante arma, el éxito estaba asegurado. El Remington reemplaza al Einfeld, que queda abandonado como inservible”.

De origen inglés, el oficial había servido en Río Cuarto a comienzos de la década, donde presenció el arribo de numerosas delegaciones provenientes de Tierra Adentro, para renovar los pactos o cobrar raciones. Para 1872, consignó que “tenía esa canalla en jaque a todas las fuerzas de línea de la República que consideraban muy inferiores a sus valerosas hordas desnudas, armadas de lanza y bola que, en muchas ocasiones, resultaron superiores a las atroces armas de antaño”.

 
No sólo era tortuoso recargar a las que precedieron a los Remington, su alcance era menor y su precisión, azarosa. De ahí, los conceptos despectivos del todavía joven Fotheringham. El poder de los nuevos fusiles y carabinas era tal, que los oficiales asumían la posibilidad de operar en condiciones de inferioridad numérica de cinco a uno. Sólo si esa desproporción era superada, la orden era aguardar o buscar refuerzos.

 
En 1877, era jefe del Parque de Artillería Domingo Viejobueno, futuro inspector general de Armas. En esa dependencia, se llevaban a cabo tareas de reparación y mantenimiento. En su informe al ministro de Guerra y Marina de ese año, consideró, después de ponderar al Remington, que los fusiles fulminantes ya no tenían valor: “esas armas en manos del soldado no sirven sino para quebrantar su espíritu guerrero, tal es su desprestigio en presencia de las armas modernas”. Pedazo de historia asomó en un jardín de El Bolsón…

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